Aquí el otoño no es solo una estación, sino una vieja canción susurrada por los árboles del bulevar.
Los rizos de las hojas — dorados, oxidados, cobrizos — caen en silencio, como si la ciudad pusiera un manto
sobre su juventud para guardarla.
La Universidad de Sofía se alza ante nosotros como un viejo sabio — digna, luminosa, construida de tiempo
y recuerdos. Su fachada es como una carta abierta, escrita con esas grandes letras de la historia
que nadie olvida. Las ventanas respiran en azul, como si guardaran dentro toda la juventud de generaciones.
Y en los escalones y senderos frente a ella — vida. Personas caminan, se dispersan, se encuentran,
llevando sueños tempranos en su paso. Veo pequeños gestos, pasos demorados, conversaciones que tal vez
nadie recuerde ya, salvo la propia piedra bajo ellos.
Y luego — el autobús.
El rojo, el 280.
Antigua leyenda urbana sobre ruedas.
En este cuadro no es solo transporte — es un presagio. Sus puertas han abierto destinos, han llevado risas,
frío, cansancio, temblor antes de un examen, primeros amores, primeras desilusiones.
Aquí permanece como un recuerdo vivo, apaciguado por el tiempo, pero jamás olvidado.
Aquí el otoño no es solo una estación, sino una vieja canción susurrada por los árboles del bulevar. Los rizos de las hojas — dorados, oxidados, cobrizos — caen en silencio, como si la ciudad pusiera un manto sobre su juventud para guardarla.
La Universidad de Sofía se alza ante nosotros como un viejo sabio — digna, luminosa, construida de tiempo y recuerdos. Su fachada es como una carta abierta, escrita con esas grandes letras de la historia que nadie olvida. Las ventanas respiran en azul, como si guardaran dentro toda la juventud de generaciones.
Y en los escalones y senderos frente a ella — vida. Personas caminan, se dispersan, se encuentran, llevando sueños tempranos en su paso. Veo pequeños gestos, pasos demorados, conversaciones que tal vez nadie recuerde ya, salvo la propia piedra bajo ellos.
Y luego — el autobús.
El rojo, el 280.
Antigua leyenda urbana sobre ruedas.
En este cuadro no es solo transporte — es un presagio. Sus puertas han abierto destinos, han llevado risas, frío, cansancio, temblor antes de un examen, primeros amores, primeras desilusiones. Aquí permanece como un recuerdo vivo, apaciguado por el tiempo, pero jamás olvidado.
Lia