Iconos — Mila Vasileva

Hace mucho se sabe que el icono no es solo una imagen. Es una ventana al misterio del mundo, a lo Invisible, a aquello que cada persona lleva en su alma. Cuando viajamos, cuando la pena o la alegría nos alcanza, cuando recordamos nuestras raíces, extendemos inconscientemente la mano hacia la pequeña imagen que guardamos en el bolsillo, en el bolso, cerca del corazón. No habla en voz alta, pero su presencia nos reconforta como un calor en la palma.

Aquí encontrarás iconos en miniatura — pequeños en tamaño, pero profundos en significado.
Iconos para el camino, para el hogar, para el silencio entre dos latidos del corazón.

Un lugar especial lo ocupan los huevos de madera pintados a mano.
El huevo es signo de comienzo, de resurrección, de fragilidad y fuerza de la vida al mismo tiempo. Sobre esta forma antigua, pintada con témpera clásica y cubierta de pan de oro, la historia sagrada cobra vida tal como ha vivido en nuestras iglesias, celdas y talleres de iconografía durante siglos.

Aquí no hay prisa.
No hay fábrica.
No hay repetición.

Cada icono es una oración, pronunciada lentamente con manos y aliento.
Cada trazo es como un hilo entre el hombre y el cielo.
El oro no es decoración, es luz.

Si sientes que alguno de estos pequeños iconos te habla — llévalo contigo.
Llévalo no como un objeto, sino como un compañero.
Colócalo junto a una foto de un ser querido, o junto a un libro, o en el bolsillo de tu abrigo.

Que sea el silencioso guardián de tu camino.
Como ha sido, y como siempre será.

Lia

Iconos — Mila Vasileva