Qué silenciosa es esta gráfica — y cuánta voz hay en ella.
“Concha” es una ciudad de otro tiempo, acurrucada en un recuerdo marino. Las casas son como moluscos,
apilados a partir de vidas humanas, unidos con fe y sal.
Crecen sobre la concha con tanta naturalidad,
como si el propio mar hubiera decidido levantar su ciudad —
no de piedra, sino de eco.
Al mirarla, uno siente cómo cada calle suena — suavemente, como la infancia,
como el recuerdo de una costa que ya no existe. La concha es hogar y sepulcro a la vez:
protege, pero recuerda todo lo perdido.
Esta ciudad no está solo dibujada — ha escuchado al mar
y ha permanecido para repetirlo eternamente, encerrada en su fina y resonante envoltura.
“Concha” es nostalgia convertida en arquitectura.
La ciudad no se derrumba — escucha.
Qué silenciosa es esta gráfica — y cuánta voz hay en ella.
“Concha” es una ciudad de otro tiempo, acurrucada en un recuerdo marino. Las casas son como moluscos, apilados a partir de vidas humanas, unidos con fe y sal.
Crecen sobre la concha con tanta naturalidad, como si el propio mar hubiera decidido levantar su ciudad — no de piedra, sino de eco.
Al mirarla, uno siente cómo cada calle suena — suavemente, como la infancia, como el recuerdo de una costa que ya no existe. La concha es hogar y sepulcro a la vez: protege, pero recuerda todo lo perdido.
Esta ciudad no está solo dibujada — ha escuchado al mar y ha permanecido para repetirlo eternamente, encerrada en su fina y resonante envoltura.
“Concha” es nostalgia convertida en arquitectura.
La ciudad no se derrumba — escucha.
Lia