"Railway to Heaven"
no es un dibujo de iglesia y vías.
Es una pintura del regreso.
Mira cómo se juntan los rieles —
dos direcciones, dos destinos, dos vidas,
que finalmente encuentran un camino común.
El camino conduce al templo,
y el templo aquí no es solo un edificio.
Es hogar.
Es madre.
Es el último puerto del alma,
cuando el ruido de este mundo finalmente se aquieta.
Los rieles son firmes, ásperos, de hierro —
como la vida que a menudo nos aplasta.
Pero guían con confianza hacia adelante,
sin curvas, sin vacilaciones.
Recto hacia una luz,
lejana y cercana al mismo tiempo.
La iglesia se mantiene paciente, grande, inmóvil.
No viene hacia nosotros — debemos ir nosotros hacia ella.
Pero el camino está dado.
El camino está hecho.
El camino es claro.
Esta es una pintura para quien se ha cansado de deambular.
Para quien ha vivido fábricas, cuarteles, estaciones, separaciones,
y ahora regresa al silencio de lo sagrado.
El ferrocarril de hierro hacia el cielo.
Insensible, preciso, estricto —
pero seguro.
Y quizás lo más importante:
Aquí no hay tren.
No hay movimiento.
No hay prisa.
Este es el momento en que ya hemos llegado.
Cuando estamos frente a las puertas.
Solo queda dar un paso adelante.
"Railway to Heaven"
no es un dibujo de iglesia y vías.
Es una pintura del regreso.
Mira cómo se juntan los rieles —
dos direcciones, dos destinos, dos vidas,
que finalmente encuentran un camino común.
El camino conduce al templo,
y el templo aquí no es solo un edificio.
Es hogar.
Es madre.
Es el último puerto del alma,
cuando el ruido de este mundo finalmente se aquieta.
Los rieles son firmes, ásperos, de hierro —
como la vida que a menudo nos aplasta.
Pero guían con confianza hacia adelante,
sin curvas, sin vacilaciones.
Recto hacia una luz,
lejana y cercana al mismo tiempo.
La iglesia se mantiene paciente, grande, inmóvil.
No viene hacia nosotros — debemos ir nosotros hacia ella.
Pero el camino está dado.
El camino está hecho.
El camino es claro.
Esta es una pintura para quien se ha cansado de deambular.
Para quien ha vivido fábricas, cuarteles, estaciones, separaciones,
y ahora regresa al silencio de lo sagrado.
El ferrocarril de hierro hacia el cielo.
Insensible, preciso, estricto —
pero seguro.
Y quizás lo más importante:
Aquí no hay tren.
No hay movimiento.
No hay prisa.
Este es el momento en que ya hemos llegado.
Cuando estamos frente a las puertas.
Solo queda dar un paso adelante.
Lia