El Fénix.
Aquí ni siquiera se trata de fuego — el fuego ya ha pasado.
Este es el momento después de las cenizas, cuando el cuerpo todavía recuerda el dolor,
pero se eleva — silenciosa, casi tímidamente, como si no pudiera creer que fuera posible.
La figura es delgada, casi transparente.
No triunfa. Vuelve de la nada — y esta fragilidad es su verdadera fuerza.
Las alas — desplegadas, pero incompletas, como si todavía estuvieran creciendo.
Nada en ellas grita: “He resucitado.”
Más bien susurran:
“Aún estoy aquí…
Y por ahora, eso es suficiente.”
El rostro — sin rasgos.
Porque ¿quién eres después de haber ardido hasta los cimientos?
¿Quién queda cuando vuelves del lugar más profundo?
No el nombre. No el pasado.
Solo queda el movimiento hacia arriba.
Esto no es un triunfo.
Es el milagro silencioso de la supervivencia.
Como si el artista dijera:
“No importa cuántas veces hayas caído.
Lo importante es que de alguna manera… aun así… te has levantado.”
El Fénix aquí es femenino —
y eso lo hace aún más real.
Porque la mujer siempre nace de las cenizas,
pero nunca olvida el fuego.
El Fénix.
Aquí ni siquiera se trata de fuego — el fuego ya ha pasado.
Este es el momento después de las cenizas, cuando el cuerpo todavía recuerda el dolor, pero se eleva — silenciosa, casi tímidamente, como si no pudiera creer que fuera posible.
La figura es delgada, casi transparente.
No triunfa. Vuelve de la nada — y esta fragilidad es su verdadera fuerza.
Las alas — desplegadas, pero incompletas, como si todavía estuvieran creciendo.
Nada en ellas grita: “He resucitado.”
Más bien susurran: “Aún estoy aquí… Y por ahora, eso es suficiente.”
El rostro — sin rasgos.
Porque ¿quién eres después de haber ardido hasta los cimientos?
¿Quién queda cuando vuelves del lugar más profundo?
No el nombre. No el pasado.
Solo queda el movimiento hacia arriba.
Esto no es un triunfo.
Es el milagro silencioso de la supervivencia.
Como si el artista dijera: “No importa cuántas veces hayas caído. Lo importante es que de alguna manera… aun así… te has levantado.”
El Fénix aquí es femenino — y eso lo hace aún más real.
Porque la mujer siempre nace de las cenizas, pero nunca olvida el fuego.
Lia