“Equilibrio” es ese instante — el instante justo antes.
Antes del paso.
Antes de la caída.
Antes del vuelo.
El niño — o la mujer, o el alma — está al borde del mundo,
sin conocer el miedo.
No conoce la palabra “peligro”.
Solo conoce la confianza —
confianza en sí misma,
en la tierra bajo sus pies,
en lo invisible que la sostiene.
Su pie es delgado como un hilo del destino.
Y todo su cuerpo canta.
La gravedad es maestra, no tirana.
No es una valentía desafiante.
Es una valentía inocente,
aquella que tuvimos cuando éramos jóvenes
y el mundo aún no había empezado a decirnos lo que “no se debe”.
Aquí el borde no es un abismo.
Es la frontera entre “ya” y “todavía no”.
Y ella no cae.
Porque quien cree en el equilibrio — no cae.
No vence a la naturaleza —
simplemente se funde con ella.
Aquí el viento no empuja — lleva.
La roca no amenaza — sostiene.
El vacío no llama a la ruina —
sino a la libertad.
Esta es una pintura del arte de vivir en el borde,
sin temer al abismo,
y sin buscarlo adrede.
Simplemente…
poder quedarse ahí,
donde tantos otros caen —
y bailar.
“Equilibrio” es ese instante — el instante justo antes. Antes del paso.
Antes de la caída.
Antes del vuelo.
El niño — o la mujer, o el alma — está al borde del mundo, sin conocer el miedo.
No conoce la palabra “peligro”.
Solo conoce la confianza — confianza en sí misma, en la tierra bajo sus pies, en lo invisible que la sostiene.
Su pie es delgado como un hilo del destino.
Y todo su cuerpo canta.
La gravedad es maestra, no tirana.
No es una valentía desafiante.
Es una valentía inocente, aquella que tuvimos cuando éramos jóvenes y el mundo aún no había empezado a decirnos lo que “no se debe”.
Aquí el borde no es un abismo.
Es la frontera entre “ya” y “todavía no”.
Y ella no cae.
Porque quien cree en el equilibrio — no cae.
No vence a la naturaleza — simplemente se funde con ella.
Aquí el viento no empuja — lleva.
La roca no amenaza — sostiene.
El vacío no llama a la ruina — sino a la libertad.
Esta es una pintura del arte de vivir en el borde, sin temer al abismo, y sin buscarlo adrede.
Simplemente…
poder quedarse ahí,
donde tantos otros caen —
y bailar.
Lia